El transporte marítimo Asia-Latinoamérica bajo presión: menos espacio y más riesgos

El comercio marítimo entre Asia y Latinoamérica atraviesa semanas críticas, con un escenario marcado por buques sobrecargados, cancelaciones de itinerarios y una disponibilidad de espacio cada vez más limitada. Las principales navieras ajustaron sus planes de carga respecto a la etapa pre-pandemia, privilegiando llenar cada embarcación por encima de su capacidad y desplazando contenedores a servicios posteriores. La estrategia, pensada para maximizar ingresos, está generando demoras recurrentes y complicando la previsibilidad de los embarques. 

En agosto, los intentos de las compañías por aplicar un nuevo aumento de tarifas no tuvieron éxito en todas las rutas, aunque se mantuvieron los valores actuales hacia México, el Caribe y la costa oeste de Sudamérica. Para septiembre, varias líneas volverán a insistir con incrementos, lo que mantiene en vilo a exportadores e importadores de la región. 

La situación se complejiza aún más con los llamados blank sailings, cancelaciones programadas que afectan itinerarios clave. COSCO, OOCL, EMC, PIL y CMA confirmaron que omitirán recaladas en semanas críticas en puertos como Hong Kong, Nansha, Qingdao o Shanghái, lo que reduce la capacidad efectiva hacia terminales como Manzanillo, Chancay y San Antonio. A la par, servicios operados por HMM, HPL, ONE y MSC presentan inestabilidad en sus rutas, mientras que Maersk anunció que no ingresará a Ningbo en la presente semana. 

Otro punto de preocupación es la tendencia a la sobrecarga de buques, que no solo incrementa los tiempos de espera en puertos, sino que eleva los riesgos para la seguridad de la carga y la estabilidad de las embarcaciones. En paralelo, la reducción de aranceles en el comercio entre Estados Unidos y China está desviando servicios hacia Norteamérica, con más capacidad asignada a ese mercado y menos espacio para Latinoamérica, lo que dispara tarifas y limita reservas. 

El panorama se verá condicionado además por el feriado nacional en China, a comienzos de octubre, cuando gran parte de las fábricas cerrarán por varios días. Aunque en el corto plazo puede reducir el flujo de carga, la reactivación posterior genera un efecto embudo que acentúa la presión sobre la capacidad naviera. 

En este contexto, la planificación anticipada y la coordinación con operadores de confianza se vuelven determinantes para asegurar espacio y minimizar riesgos en los embarques de importación desde puertos de China hacia Chile y Argentina.

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